Casos de Paradigmas
A continuación, los paradigmas.
Todos tenemos, vemos y vivimos nuestros casos de paradigmas. Ejemplos hay muchos. Documentados y los que no. Algunos de los documentados y prácticamente muy conocido son los libros de Robert Kiyosaky, en el ámbito de las finanzas personales. Lo cierto es que los hay en todos los rubros y ámbitos. De todo tipo. Algunos paradigmas se rompen con otros que ya están establecidos, otros, son impulsados a romperse con nuevos descubrimientos y/o tecnologías.
Un ejemplo personal en el trabajo. Para cierto proceso que tuve a mi cargo por un tiempo se requería de dos o tres personas. El grado de imprecisión era muy alto, oscilaba entre un 5 y un 30%. Bastante irregular para un proceso productivo. En lo particular, un problema que ahora puedo definir como “simple”, era el de “contar”. En aquel entonces yo no sabía manejar la hoja de cálculo (Excel). Un buen día encontré la definición de dicha aplicación y decía una palabra que me hizo sentido: “contar”. En mi caso trabajábamos con textos, pero si esa aplicación servía para contar, necesitaba aprender a usarla.
Siendo así, me di a la tarea de aprender y de la forma más ruda: de autodidacta. Al tener pocos resultados, compré un libro que parecía una biblia. Después de horas y horas de lectura y prueba, empecé a encontrar soluciones. Primero veía las fórmulas y no sabía cómo aplicarlas a mi problema. Poco a poco fui descubriendo la forma de hacerlo, rompiendo mis paradigmas de una persona que trabaja básicamente con textos y no con números, pero que ahora tenía que meterse de lleno a manejar conteos y estadística.
El paradigma no radica en la explicación anterior, si no en lo que viene. Cuando logré perfeccionar el proceso a uno más ágil y certero, con menor esfuerzo y tiempo por persona, lo presenté a mi jefe directo (un economista con bastante visión). Le gustó mucho la idea y se aplicó de inmediato. Derivado de esa experiencia, le expliqué a mi jefe mis motivos de que la empresa proporcionara completa o parcialmente una capacitación de ofimática para la gente del área. Mi jefe, con los resultados de la implementación y un ejemplo de una revista que le di, accedió a plantearlo con la dirección operativa.
Aquí es donde viene el paradigma del que hablo.
A pesar de los resultados, la dirección operativa dijo un rotundo NO. Por más que vendí la idea de varias maneras y traté de convencerle de los resultados que se podrían obtener, su argumento, diría yo su paradigma, fue: “si les damos capacitación y nos dejan en un tiempo, será inversión perdida, a pesar de los buenos resultados que pudiera tener”. Ese fue el paradigma que echó por la borda una propuesta de mejora.
Un paradigma así, creo, al tiempo que cuida dinero, lo hace víctima de las consecuencias. Regularmente las empresas buscan gente que sepa hacer muchas cosas, pero quieren pagar poco por ello. Luego, contratan consultores, muy profesionales todos ellos, pero que salen un ojo de la cara. Para terminar con que un empleado, de bajo rango, resuelve el problema por un gasto nulo o que no representa “nada” en las cuentas de la empresa. La empresa no lo escucha. La consecuencia: ese trabajador se va a otra buena oportunidad de empleo y la empresa pierde un talento, ahorrándose una “inversión perdida”.
Ejemplos como este hay muchos por todos lados. Los tenemos frente a nosotros. Alguien resuelve un problema, en muchas ocasiones, de forma simple. Lo que habría que cuidar, es que nuestros paradigmas no sean inflexibles, ya que nos pueden costar.
Creo que después me gustaría compilar varios casos que viví, además de que creo que pudiera desarrollar un modelo para “definir y romper paradigmas”.